El Cambio

   
 

 

Si como mencionamos en la nota anterior la realidad no existe, sino que sólo existe nuestra formar personal de captar la realidad, también la ilusión permanente de tener el control sobre nuestras vidas es una fantasía.

La realidad única o la verdad absoluta son para los seres humanos objetivos imposibles de alcanzar, la forma que tenemos de abordarlas son filtradas por nuestras limitaciones neurológicas, filtros sociales y culturales y especialmente experiencias individuales irrepetibles.

El control que aspiramos alcanzar sobre nuestro entorno, personas o hasta de nosotros mismos también es una nueva fantasía que nos hace vivir en la apariencia de tener el poder perdurable.

Todo ello nos da la sensación de estabilidad y en consecuencia nos sentimos más seguros y podemos dormir con tranquilidad. Si fuéramos un poco más abiertos a observar nuestro entorno, nuestras experiencias pasadas o los ejemplos que nos llegan a diario, podríamos darnos cuenta que nada es perdurable, que todo es cambio y que tal control tampoco existe.

El cambio está en nosotros o para decirlo más claramente "nosotros somos el cambio".

Podemos manejar la realidad, ya que ella está en nosotros, podemos crear nuestro entorno ya que él depende de cómo nosotros lo percibamos, también podemos afectar a los demás ya que al cambiar nosotros cambiamos a quienes nos rodean pero nada de esto tiene que ver con "controlar" para eso los seres humanos no estamos capacitados, aunque creamos lo contrario.

Nada de lo que ocurre en nuestra ciudad es igual que hace 10 años, han cambiado las fachadas de las casas, las calles y los autos. Lo mismo ocurre con nuestras familias, sólo hace falta que mires algunas fotos que decoran tu hogar, también tu trabajo, tus amigos y hasta tu cuerpo ya no es el mismo.

Lo único que podemos hacer con eficiencia es cambiar y allí radica nuestro verdadero y real poder.

Todos nos hemos dicho más de una vez "paren el mundo que me quiero bajar". Esa fuerte sensación de ser arrastrados y de falta de dominio de la situación nos demuestra que tan ineficientemente vivimos el cambio en nuestras vidas. Nos sentimos superados y pensamos que todo lo malo viene de afuera, cuando somos nosotros mismos los que estamos generando los cambios.

Unas de las herramientas que tenemos para subirnos sobre el cambio, como si fuera montar sobre la cresta de una ola, es vivir el aquí y ahora.

Algunos por momentos centran la atención en el pasado, de allí llega la añoranza, la melancolía, los recuerdos de un pasado mejor, experiencias que fueron mágicas y que no podrán volver a repetirse. Centrándonos solamente en el pasado perderemos la oportunidad de vivir hoy una nueva experiencia, también mágica y seguramente más excitante. Pensamos que nada de lo que pasó podemos cambiar y eso nos debilita.

Otros centran su atención en el futuro, desean cosas, desean experiencias, desean ansiosamente que llegue ya mismo lo que quieren. También se pasan de largo el aquí y ahora, tampoco pueden saborear las experiencias que tanto desean ya que siempre están más allá y por llegar. Piensan que nada pueden hacer porque eso que esperan aun no ha llegado.

Estar conscientes del cambio es vivir el presente, el cambio se da ya, y sólo podemos hacerlo cuando estamos en línea con nuestro mundo, el exterior e interior. Para ello simplemente el foco de nuestra atención tiene que estar acá, acá mismo, con la única seguridad y el poder que nos da el vivir hoy, sentir hoy y ser hoy.

¿Es raro verdad? Y hasta parece contradictorio. Nos han enseñado controlar todo y a estar preparados para el cambio, nos han repetido mil veces que el control es poder y que el cambio llega (como si viniera de otro sitio), esto nos a confundido por generaciones, nos ha hecho pensar que el control es hacer perdurar la misma realidad por el tiempo que nos convenga y que el cambio viene de afuera, generalmente a perjudicarnos y que poco o nada depende de nosotros.

Podemos ver a una niña de 3 años jugando en el jardín, en apariencia nada le importa y esta compenetrada con su presente, no teme por lo que no necesita seguridad, no desea por lo que no necesita controlar, esta en línea con su mundo exterior e interior y nada la perturba. Ella tiene en sí misma el poder del cambio, a cada instante cambia con su entorno y ella cambia en su interior, observa y aprende, experimenta y aprende y en cada paso cambia nuevamente. Todos nosotros fuimos así, como esa niña y hemos perdido ese poder porque lo hemos dejado escapar. Ahora mismo podemos comenzar rompiendo ese paradigma, debemos comprender que no somos como una piedra fija y estática dentro de un universo que se mueve a nuestro alrededor.

Debemos internalizar que el cambio está en nosotros, que el poder está en nosotros y que solamente en el presente, en el aquí y ahora podemos utilizarlo.

Solo miremos a nuestro interior y recordemos, porque el poder real siempre estuvo en nuestras manos.
 


Autor: Lic. Carlos A. Sánchez - sanchez@bariloche.com.ar

 
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